DE COMPRAS CON IÑAKI (publicado en Debate21.com)
Era mi absurda pretensión la de no escribir hoy sobre el tema vasco, descansar de vez en cuando no está mal. Bien, pues andaba yo en esas cuando vi con sórdido estupor como De Juana se iba de compras con novia y niñera incluidas. Todo por su seguridad.
Es, por tanto, imposible que sea otro y no este el tema elegido. Les pido humildemente disculpas, dejando el diámetro ideal de la uva para ser recolectada y convertida en txakolí como asunto a tratar la semana que viene.
Volviendo a la seguridad del infecto en cuestión, y teniendo en cuenta que aunque, como en los EEUU, las pistolas y rifles se vendieran en todas las pescaderías del país, nadie se atrevería ni a contagiarle un resfriado a don Iñaki, me parece que la seguridad por la que debería velarse es por la de sus niñeras. Estas últimas, pertenecientes a la Ertzaintza, sí corren el riesgo de recibir dos tiros, libertadores para el genocida. Al fin y al cabo de San Sebastián a la belle France hay pocos kilómetros y cuán tentadora es la libertad que ya atisba. Así es, el terrorista recibe una prisión tan atenuada que ni se ve.
Se trata de un tipo capaz de coger una metralleta y asesinar a sangre fría, de hacer saltar por los aires a cualquiera que no comparta sus ideas, si a las sandeces que rebotan en sus meninges se les puede llamar así. Lo ha hecho, en veinticinco lamentables ocasiones, y ahí le tenemos, atiborrándose a txistorra y acompañando a su ínclita pareja hasta las tiendas más cucas de la capital guipuzcoana. Lo siguiente ha de ser, no lo duden, que el Gobierno le conceda la medalla al asesino del año. Galardón gratificado a buen seguro con pingües beneficios y una medalla bien gorda.
Un asunto muy feo es el del agravio comparativo con los demás malhechores, y presos también, claro. Es de esperar que a todo individuo con al menos veinte muertes en su haber, que no hay muchos, le sea dispensado el mismo trato. El archiconocido Julián Muñoz pidió las mismas prebendas que el recluso de honor y le dijeron que ni hablar del peluquín. No es justo, proclamo, Muñoz robó, sí, pero no segó ninguna vida. Si la pena para uno de los asesinos más sanguinarios de ETA es la descrita, a éste serafín bigotudo le corresponden por lo menos la libertad incondicional y dos calles con su nombre en aquella ciudad que desee, vamos digo, yo, qué para eso soy absolutamente nadie, lo cual no es óbice en España para hacer juicios de valor respecto a los más trascendentes asuntos. Ahí tienen a la clase política nacionalista como ejemplo de hablar de todo sin tener idea de nada. De todo menos de los favores otorgados al “héroe de guerra” que es De Juana para ellos. Después de que el Gobierno Vasco permita y subvencione que el asesino en cuestión se vaya de compras como si fuera un ciudadano corriente, moliente e inocente —sobra que describa las virtudes de De Juana— su “homenaje” a las víctimas se convierte en una burla macabra.
Parece ser que estamos de rebajas y, como buen negociante, Chaos se aprovecha de ellas.
